22 noviembre, 2011

Esquí acuático

El domingo pasado tuve la oportunidad de probar un deporte que nunca había practicado: el esquí acuático. Cuando vivía en Chile solía esquiar en invierno y lo he echado de menos en los últimos años, así que estaba muy entusiasmada.
 
Mi hermana se montó antes que yo, y mientras esperaba mi turno la estaba observando. Pero no lo hizo muy bien. Se caía para atrás, para delante y para los lados, y para el final estaba segura de que se había tragado medio océano. Cuando llegó mi turno, me puse los esquíes nerviosamente.

Las primeras veces no conseguía ponerme de pie, y cuando por fin lo logré me caí a los cinco segundos. Mis manos estaban adoloridas y mis piernas acalambradas, pero no lo quería dejar hasta que lo hiciera bien. Una vez más me esforcé y esa vez sí valió la pena. Muy despacio me fui levantando, extendiendo las rodillas y enderezando la espalda. Me mantuve así por un tiempo hasta que perdí el equilibrio, pero por lo menos tuve la satisfacción de haberlo conseguido, y tengo muchas ganas de volver a probarlo.
 


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