22 noviembre, 2011

Esquí acuático

El domingo pasado tuve la oportunidad de probar un deporte que nunca había practicado: el esquí acuático. Cuando vivía en Chile solía esquiar en invierno y lo he echado de menos en los últimos años, así que estaba muy entusiasmada.
 
Mi hermana se montó antes que yo, y mientras esperaba mi turno la estaba observando. Pero no lo hizo muy bien. Se caía para atrás, para delante y para los lados, y para el final estaba segura de que se había tragado medio océano. Cuando llegó mi turno, me puse los esquíes nerviosamente.

Las primeras veces no conseguía ponerme de pie, y cuando por fin lo logré me caí a los cinco segundos. Mis manos estaban adoloridas y mis piernas acalambradas, pero no lo quería dejar hasta que lo hiciera bien. Una vez más me esforcé y esa vez sí valió la pena. Muy despacio me fui levantando, extendiendo las rodillas y enderezando la espalda. Me mantuve así por un tiempo hasta que perdí el equilibrio, pero por lo menos tuve la satisfacción de haberlo conseguido, y tengo muchas ganas de volver a probarlo.
 


Voleibol playa –¡donde sea, cuando sea!

¡Hola, todos!

Me llamo Leticia y vivo en Cartagena (Colombia). Me encantaría contarles mis experiencias con los diversos deportes que se practican en esta bella ciudad, así que si están interesados sigan leyendo.

Hace unos meses un amigo mío, sabiendo que me gusta la actividad física, se ofreció a enseñarme a jugar voleibol playa. El estaba antes en la selección Bolivar (la región en la que se encuentra Cartagena de Indias) y lo hace muy bien. No me tomó mucho tiempo enamorarme del deporte y jugábamos varias veces a la semana.

Así pasaron dos meses hasta que un día cuando llamé a mi amigo para quedar para jugar, me dijo que su red se había dañado. No lo podía creer. Estaba segura de que no podría sobrevivir sin jugar al voleibol.

Entonces se me ocurrió la idea de una cancha portátil. Sabía que existían pero la cuestión era si la podría encontrar en Cartagena, que es una ciudad bastante pequeña. Busqué por Internet, llamé a todas las tiendas de deportes, y solo recibí respuestas negativas, pero no me di por vencida. "Si no puedo comprar una –pensé–, me la tendré que fabricar."

Y así fue que en dos días me construí una cancha portátil de voleibol. Me conseguí dos tubos de aluminio, cincuenta metros de cuerda, una red y los demás materiales que necesitaba. Con mi padre, hicimos los cálculos para que quedara bien tensada y medimos la soga para marcar el perímetro.

Ahora nunca más me tendré que preocupar por falta de una cancha, puesto que me la puedo llevar a cualquier lado y montarla donde sea que haya 8x16 metros de arena.


Para más información acerca del voleibol playa se puede visitar la página de Wikipedia.


Llevando la cancha portátil a la playa por primera vez.










Montando la red.
Perfeccionando la tensión.
Felices con la cancha.